LA MUJER QUE TODOS HABÍAN HUMILLADO

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PARTE 3 — LA CAJA QUE PODÍA DESTRUIR A UNA FAMILIA

Durante varios segundos, nadie se atrevió a respirar.

Seo-Yeon mantenía las manos sobre aquella pequeña caja mientras todas las miradas estaban clavadas en ella.
Min-Jae permanecía inmóvil frente a la mesa. Por primera vez desde que la había visto entrar, su arrogancia había desaparecido.

Su padre tampoco parecía el mismo hombre.

Había pasado de ser una figura imponente a un hombre que parecía estar contemplando un recuerdo que llevaba diez años intentando olvidar.

—No la abras aquí —dijo finalmente.

Seo-Yeon levantó la mirada.

—¿Por qué?

El hombre mayor miró alrededor del salón.

—Porque algunas personas no están preparadas para conocer la verdad.

Min-Jae frunció el ceño.

—¿Qué verdad?

Su padre no respondió.

—Papá, te estoy preguntando qué está pasando.

Seo-Yeon cerró nuevamente la caja.

—Tu padre sabe perfectamente qué está pasando.

Min-Jae la miró con rabia.

—Hace diez minutos ni siquiera sabía quién eras.

—Exactamente.

—Entonces explícame.

Seo-Yeon respiró profundamente.

—Hace diez años, mi familia fue destruida.

La expresión de Min-Jae cambió.

—¿Qué tiene que ver mi familia con eso?

Seo-Yeon sostuvo su mirada.

—Todo.

El salón quedó nuevamente en silencio.

Algunas personas que habían presenciado la humillación comenzaron a intercambiar miradas. La misma gente que minutos antes se había reído de Seo-Yeon ahora evitaba mirarla a los ojos.

Min-Jae negó lentamente con la cabeza.

—No puede ser.

—Sí puede.

—Mi familia no tuvo nada que ver con tu pasado.

Seo-Yeon respondió con una calma que lo inquietó todavía más.

—Eso es lo que te hicieron creer.

Min-Jae miró inmediatamente a su padre.

—¿Es verdad?

El hombre mayor permaneció callado.

—¡Papá!

Finalmente, el hombre habló.

—Yo cometí un error.

Seo-Yeon negó con la cabeza.

—No fue un error.

El hombre la miró.

—¿Entonces qué fue?

—Una decisión.

Aquellas palabras cayeron como una piedra sobre el salón.

Min-Jae se acercó a su padre.

—¿Qué decisión?

Su padre no contestó.

—¿Qué hiciste hace diez años?

El hombre cerró los ojos por un instante.

Seo-Yeon colocó la caja nuevamente sobre la mesa.

—Dentro de esta caja está la prueba.

Min-Jae observó la caja.

—¿Prueba de qué?

Seo-Yeon respondió:

—De que mi familia no perdió todo por accidente.

Min-Jae quedó completamente inmóvil.

—Entonces…

No terminó la frase.

Su padre bajó la mirada.

Y esa reacción fue suficiente para que Min-Jae comprendiera que había algo mucho más grave detrás de aquella historia.

—Tú lo sabías —dijo lentamente.

Su padre permaneció en silencio.

—Tú sabías quién era ella.

Ninguna respuesta.

—Y aun así dejaste que yo la humillara.

Seo-Yeon miró al hombre mayor.

—No vine aquí para vengarme de su hijo.

Min-Jae la miró sorprendido.

—¿Entonces para qué viniste?

Seo-Yeon tardó unos segundos en responder.

—Vine a devolverle algo a tu familia.

—¿Qué cosa?

Ella tomó la caja entre sus manos.

—Lo que ustedes me quitaron.

El hombre mayor dio un paso hacia ella.

—Seo-Yeon, por favor.

Ella lo miró con firmeza.

—Durante diez años tuve que vivir escuchando que mi padre había sido un hombre deshonesto.

Su voz comenzó a quebrarse, pero no lloró.

—Todos creyeron que él había destruido nuestra familia con sus propias decisiones.

Min-Jae permaneció en silencio.

—Pero mi padre no hizo aquello.

El hombre mayor bajó la cabeza.

Seo-Yeon continuó:

—Alguien falsificó documentos.

Min-Jae abrió los ojos.

—¿Quién?

Seo-Yeon miró directamente al padre.

—Eso es lo que vine a descubrir.

Min-Jae volvió a mirar a su padre.

—¿No sabes quién lo hizo?

—Tengo una sospecha.

—¿Quién?

Seo-Yeon levantó lentamente la caja.

—La persona que falsificó los documentos trabajaba dentro de esta familia.

Min-Jae quedó pálido.

—¿Alguien de nuestra propia familia?

—Sí.

Entonces se escuchó un ruido detrás de ellos.

Todos se giraron.

Una mujer que había permanecido sentada durante toda la celebración se levantó lentamente.

Seo-Yeon la miró.

Su expresión cambió inmediatamente.

La mujer era la única persona del salón que no parecía sorprendida.

Al contrario.

Parecía aterrada.

Min-Jae siguió la mirada de Seo-Yeon.

—¿La conoces?

Seo-Yeon no respondió.

La mujer comenzó a caminar hacia la salida.

Seo-Yeon apretó la caja contra su pecho.

—No…

Min-Jae la miró.

—¿Qué pasa?

Seo-Yeon finalmente habló:

—Ella no debería estar aquí.

Min-Jae se giró nuevamente hacia la mujer.

Pero la puerta ya se estaba cerrando.

Seo-Yeon salió corriendo detrás de ella.

Y justo antes de cruzar la puerta, escuchó una frase que la dejó completamente paralizada:

—Si abres esa caja, descubrirás que tu padre tampoco te contó toda la verdad.

Seo-Yeon se quedó inmóvil.

La puerta se cerró.

Miró lentamente la caja que llevaba entre las manos.

Por primera vez, comenzó a preguntarse si durante diez años había estado buscando respuestas en el lugar equivocado.

Y ahora tenía una nueva pregunta:

¿Qué secreto había ocultado su propio padre?

CONTINUARÁ…