DRAMA HISTÓRICO COREANO
La novia a la que su suegra obligó a comer del suelo
Parte 2: El secreto detrás de aquella boda
El silencio que siguió a las palabras de Seo-Yeon fue tan profundo que hasta el sonido de las lámparas parecía haberse detenido.
Park Do-Yun miraba a su esposa como si acabara de conocerla. La mujer que su madre había presentado como una joven humilde, tímida y fácil de controlar acababa de desafiarla delante de toda la familia.
Lady Kang, en cambio, tenía el rostro endurecido.
—¿Qué tonterías estás diciendo? —preguntó, intentando recuperar su autoridad—. ¿Acaso crees que puedes llegar a esta casa y acusarme de cualquier cosa?
Seo-Yeon no respondió inmediatamente. Se acomodó la manga de su hanbok rosa y miró el cuenco vacío que había colocado delante de su esposo.
—No he venido a acusarte sin pruebas. He venido porque prometí a mi padre que descubriría la verdad.
Do-Yun frunció el ceño.
—¿Tu padre? Me dijiste que había muerto cuando eras pequeña.
—Eso fue lo que tu madre quiso que creyeras.
Lady Kang se levantó tan bruscamente que su silla se deslizó por el suelo.
—¡Basta! ¡Esta cena ha terminado!
—Todavía no —contestó Seo-Yeon—. No hasta que tu hijo sepa por qué aceptaste este matrimonio.
«No me elegiste porque fuera una buena esposa para tu hijo. Me elegiste porque pensaste que una mujer sin familia jamás podría defenderse de ti».
Uno de los tíos de Do-Yun dejó lentamente sus palillos sobre la mesa. Una prima se cubrió la boca. Nadie entendía cómo una recién llegada podía hablarle de aquella manera a Lady Kang.
Do-Yun dio un paso hacia su esposa.
—Seo-Yeon, mírame. ¿Qué está pasando? Necesito que me lo expliques.
Ella sostuvo su mirada.
—Hace tres meses, mi padre trabajaba como administrador de los almacenes de tu familia. Descubrió que alguien estaba robando dinero y tierras a nombre de tu casa. Cuando intentó denunciarlo, fue acusado de falsificar documentos.
Do-Yun palideció.
Recordaba vagamente aquel escándalo. Su madre le había dicho que un empleado deshonesto había huido después de robar una gran suma de dinero. Nunca había preguntado más.
—Ese hombre… ¿era tu padre?
—Sí. Y antes de desaparecer, me dejó una carta. En ella escribió que la única persona que podía demostrar su inocencia estaba dentro de esta casa.
Lady Kang soltó una risa nerviosa.
—¡Una carta! ¿Eso es todo lo que tienes? ¿Una historia inventada por una familia arruinada?
Seo-Yeon introdujo la mano en la manga de su vestido y sacó un pequeño trozo de tela doblado alrededor de un sello de madera.
—No. También tengo esto.
Do-Yun reconoció el sello de inmediato. Era el símbolo antiguo utilizado por los administradores de los bienes familiares, una pieza que, según su madre, había desaparecido muchos años atrás.
—¿Dónde lo encontraste? —preguntó él.
—En el cofre que me entregaron como parte de mi dote.
La suegra avanzó hacia ella.
—¡Dámelo ahora mismo!
Seo-Yeon cerró los dedos alrededor del sello.
—¿Por qué tienes tanto miedo de que lo vea tu hijo?
Por primera vez aquella noche, Lady Kang no encontró una respuesta inmediata.
El esposo descubre la primera mentira
Do-Yun extendió la mano hacia su esposa, pero no para quitarle el sello. Quería verlo de cerca.
Seo-Yeon se lo entregó.
Él giró la pieza entre los dedos y descubrió una pequeña grieta en uno de sus bordes. De niño había visto ese mismo sello en manos de su padre, el antiguo jefe de la familia, antes de que muriera.
—Madre… tú dijiste que mi padre había ordenado destruirlo.
Lady Kang apretó los labios.
—Tu padre estaba enfermo. No recordaba lo que hacía.
—Entonces, ¿por qué aparece en el cofre de mi esposa?
—¡Porque ella quiere destruir nuestra familia!
Seo-Yeon negó lentamente con la cabeza.
—Si quisiera destruirla, habría llevado estas pruebas ante los funcionarios del reino. Pero vine aquí primero porque esperaba que tuvieras el valor de escucharme.
Do-Yun bajó la mirada. Las palabras de su esposa le dolieron más que cualquier insulto. Durante toda la cena había permitido que su madre la humillara, convencido de que intervenir solo empeoraría las cosas.
—Debí defenderte —murmuró.
—Sí —respondió ella—. Debiste hacerlo.
No había dulzura en su respuesta, pero tampoco crueldad. Era simplemente la verdad que él había evitado durante años: su silencio siempre había protegido a quien tenía más poder.
Do-Yun se volvió hacia su madre.
—Quiero ver todos los documentos de los almacenes. Esta misma noche.
Lady Kang se quedó inmóvil.
—No sabes lo que estás pidiendo.
—Entonces explícame por qué una mujer a la que acabas de humillar conoce secretos que tú llevas años ocultándome.
La suegra miró alrededor. Los familiares que antes habían guardado silencio ahora la observaban con desconfianza. Comprendió que ya no podía controlar la historia con una sola orden.
La habitación que nadie podía abrir
Lady Kang respiró profundamente y recuperó parte de su frialdad.
—Muy bien. Quieres documentos, los tendrás. Pero hay una cosa que debes entender, Do-Yun: tu esposa no te contó toda la verdad.
Seo-Yeon no se movió, aunque sus dedos se tensaron sobre la tela de su vestido.
—¿De qué estás hablando? —preguntó el esposo.
—Antes de aceptar este matrimonio, tu esposa visitó nuestra casa en secreto. No vino sola. Se reunió con alguien en el pabellón del este.
Do-Yun miró a Seo-Yeon.
—¿Es cierto?
Ella guardó silencio unos segundos.
—Sí. Vine a buscar a la única persona que podía confirmar lo que mi padre descubrió.
—¿Quién?
Seo-Yeon miró hacia el corredor oscuro que conducía a las habitaciones antiguas.
—Tu padre.
Do-Yun retrocedió un paso.
—Mi padre murió hace cinco años.
—Eso dice el registro oficial.
Lady Kang golpeó la mesa con tanta fuerza que una copa cayó de lado.
—¡No vuelvas a mencionar ese nombre!
La reacción fue suficiente para cambiar el ambiente de la habitación. Ya no parecía la furia de una mujer ofendida. Era el miedo de alguien que había escuchado una verdad que creía enterrada para siempre.
Seo-Yeon sacó de su manga una pequeña llave de hierro ennegrecido.
—Tu padre me entregó esto durante nuestra última reunión. Me dijo que debía abrir la habitación cerrada del pabellón del este cuando llegara el momento de revelar la verdad.
Do-Yun reconoció la llave. La había visto colgada del cinturón de su padre cuando era niño. Después de su supuesta muerte, Lady Kang prohibió que cualquiera se acercara a aquella habitación.
—¿Qué hay detrás de esa puerta? —preguntó él, casi sin voz.
Seo-Yeon levantó los ojos hacia su suegra.
—La prueba de que tu padre no murió de una enfermedad.
Lady Kang perdió el equilibrio y tuvo que apoyarse en la mesa.
Pero antes de que Do-Yun pudiera hacer otra pregunta, tres golpes resonaron desde el corredor.
Una sirvienta entró temblando y se arrodilló.
—Señora… hay un hombre en la puerta principal. Dice que viene a buscar a la novia.
Seo-Yeon dejó de respirar por un instante.
—¿Cómo se llama? —preguntó Do-Yun.
La sirvienta levantó la cabeza.
—Dice que su nombre es Yoon Seok-Hwan.
Seo-Yeon sintió que las piernas le flaqueaban. Era el nombre de su padre, el hombre al que llevaba meses creyendo perdido para siempre.
Do-Yun se volvió hacia la entrada. Lady Kang, en cambio, retrocedió hasta chocar contra la pared.
Desde el exterior llegó una voz masculina, envejecida pero firme.
—Seo-Yeon, hija mía… no abras esa puerta si todavía quieres saber quién es tu verdadero enemigo.
La novia miró a su esposo. Luego miró la llave que sostenía entre los dedos.
Y comprendió que aquella boda no había sido el comienzo de una nueva vida.
Había sido una trampa preparada muchos años antes de que ella naciera.
CONTINUARÁ…
La puerta está a punto de abrirse. Pero ¿el hombre que espera afuera es realmente el padre de Seo-Yeon?
