“LA NOVIA LLEGÓ A SU PROPIA BODA Y VIO A OTRA MUJER CON SU VESTIDO — PARTE 2”,

“LA NOVIA LLEGÓ A SU PROPIA BODA Y VIO A OTRA MUJER CON SU VESTIDO — PARTE 2”,

La novia llegó a su propia boda y vio a otra mujer con su vestido — Parte 3

La puerta principal del salón permaneció abierta durante unos segundos.

Sofía no podía apartar la mirada del hombre que acababa de entrar.

Era un hombre de aproximadamente cuarenta años, vestido con un elegante traje negro. Caminaba lentamente entre las mesas, sin mirar a los invitados. Sus ojos estaban fijos en una sola persona.

En Sofía.

Lucía palideció.

—Es él… —repitió en voz baja.

Sofía la miró confundida.

—¿Quién es?

Lucía tragó saliva.

—El hombre que estaba buscando.

Daniel se acercó rápidamente a ellas.

—Tenemos que salir de aquí.

Sofía retrocedió.

—¡No! Primero quiero respuestas.

Todos los invitados observaban la escena sin entender absolutamente nada. Para ellos, aquella boda había comenzado como una celebración elegante y ahora parecía convertirse en un misterio.

Marta, la madre de Sofía, se acercó con preocupación.

—Hija, ¿qué está pasando?

Sofía abrió la boca para responder, pero Lucía habló primero.

—Señora, por favor. Tiene que confiar en mí.

Marta miró el vestido de Lucía y después el de su hija.

—¿Quién eres tú?

Lucía bajó la mirada.

—Mi nombre es Lucía.

—¿Y por qué estás usando el vestido de mi hija?

Lucía miró a Sofía.

—Porque necesitaba que todos pensaran que yo era la novia.

Sofía se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Lucía respiró profundamente.

—Si yo no hubiera usado tu vestido esta noche, ese hombre habría venido directamente por ti.

Daniel cerró los ojos durante un instante.

Sofía lo observó.

—Tú sabías todo esto.

Daniel no respondió.

—¡Daniel!

Finalmente, él levantó la mirada.

—Sí.

Una expresión de dolor apareció en el rostro de Sofía.

—Entonces todo esto fue una mentira.

—No —respondió Daniel inmediatamente—. Nuestra boda nunca fue una mentira.

—¿Entonces por qué no me dijiste nada?

Daniel se acercó un poco.

—Porque sabía que si conocías la verdad, ibas a intentar enfrentarlo.

—¿A quién?

Daniel miró discretamente hacia la entrada.

El hombre del traje negro seguía avanzando.

—A Esteban.

Sofía frunció el ceño.

—¿Quién es Esteban?

Lucía respondió:

—El hombre que destruyó a mi familia.

El silencio se apoderó del salón.

Lucía explicó que años atrás su padre había trabajado para Esteban. Había descubierto una serie de operaciones financieras ilegales y había intentado denunciarlo.

Pero antes de poder entregar las pruebas, desapareció.

Lucía había pasado años intentando descubrir qué había ocurrido.

Finalmente encontró un documento que relacionaba directamente a Esteban con la desaparición de su padre.

Pero había algo todavía peor.

El documento también mencionaba el nombre de la familia de Sofía.

Sofía sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Mi familia?

Lucía asintió lentamente.

—Tu padre estuvo involucrado sin saberlo. Firmó unos documentos que Esteban utilizó para ocultar lo que estaba haciendo.

—Eso es imposible.

—Yo también lo creía.

Daniel intervino.

—Por eso intenté detener la boda.

Sofía lo miró sorprendida.

—¿Detenerla?

—No para abandonarte. Para mantenerte a salvo.

Sofía recordó entonces algo extraño.

Dos días antes de la boda, Daniel le había pedido que no llevara su teléfono personal a la ceremonia.

También había insistido en que cambiara la ruta que normalmente utilizaba para llegar al salón.

En aquel momento había pensado que simplemente estaba nervioso.

Ahora todo tenía sentido.

—¿Por qué no me dijiste nada?

Daniel bajó la voz.

—Porque alguien estaba vigilándote.

Sofía miró alrededor.

De repente, comenzó a notar detalles que antes había ignorado.

Un hombre sentado cerca de la barra que llevaba demasiado tiempo observándola.

Una mujer que había entrado al salón poco después de ella.

Un automóvil oscuro estacionado frente al hotel.

Todo parecía formar parte de algo mucho más grande.

Esteban finalmente llegó al centro del salón.

Los invitados se apartaron.

El hombre sonrió tranquilamente.

—Sofía.

Ella sintió un escalofrío.

—¿Cómo sabe mi nombre?

Esteban respondió con absoluta tranquilidad.

—Sé mucho más de ti de lo que imaginas.

Daniel se colocó delante de Sofía.

—No te acerques.

Esteban soltó una pequeña risa.

—Daniel, sigues cometiendo el mismo error.

—¿Cuál?

—Creer que puedes protegerla.

Lucía tomó la mano de Sofía.

—Tenemos que irnos ahora.

Pero antes de que pudieran moverse, el teléfono de Sofía comenzó a vibrar.

Ella miró la pantalla.

Era un número desconocido.

Contestó.

Al otro lado de la línea, una voz masculina habló en un susurro.

—Sofía, no confíes en Lucía.

Sofía miró inmediatamente a la mujer que estaba a su lado.

Lucía notó su expresión.

—¿Qué pasó?

Sofía no respondió.

La voz continuó:

—Ella no te está contando toda la verdad.

La llamada terminó.

Sofía bajó lentamente el teléfono.

Lucía preguntó:

—¿Quién era?

Sofía la miró fijamente.

—Alguien que dice que no debo confiar en ti.

Lucía quedó completamente paralizada.

Daniel miró a Lucía.

—¿Qué no nos estás contando?

Lucía comenzó a llorar.

Durante unos segundos no dijo nada.

Finalmente, sacó un pequeño sobre blanco que había escondido dentro de su bolso.

Se lo entregó a Sofía.

—Hay algo que nunca pude decirte.

Sofía abrió el sobre.

Dentro había una fotografía antigua.

En ella aparecían tres hombres frente a una empresa.

Uno era el padre de Sofía.

Otro era Esteban.

Y el tercero…

Sofía dejó de respirar por un instante.

Conocía perfectamente a ese hombre.

Era alguien que llevaba años creyendo muerto.

Sofía levantó lentamente la fotografía.

—¿Por qué aparece mi hermano en esta foto?

Lucía cerró los ojos.

—Porque tu hermano nunca murió.

FINm