“LA PEQUEÑA HUÉRFANA Y EL GUERRERO GRUÑÓN — PARTE 2”,

“LA PEQUEÑA HUÉRFANA Y EL GUERRERO GRUÑÓN — PARTE 2”,

 

 

 

LA PEQUEÑA HUÉRFANA Y EL GUERRERO GRUÑÓN — PARTE 3

La heredera que nadie debía encontrar

La lluvia golpeaba con fuerza el techo del viejo refugio.

Kael permanecía frente a la entrada con la espada desenvainada mientras observaba a los jinetes que esperaban afuera.

Detrás de él, Lina permanecía abrazada a Elena.

—Entregadnos a la heredera —repitió el líder de los jinetes.

Kael no respondió.

Simplemente levantó un poco la espada.

—No.

Elena miró al guerrero sorprendida.

—Kael, no sabes cuántos son.

—Me da igual.

Lina tiró suavemente de la capa de Kael.

—¿Van a llevarme?

Kael bajó la mirada.

Durante unos segundos, su rostro siguió siendo el mismo de siempre: serio, frío y aparentemente incapaz de mostrar emociones.

Pero entonces se agachó frente a la niña.

—Mientras estés conmigo, nadie te llevará a ninguna parte.

Lina lo abrazó con fuerza.

Kael se quedó completamente quieto.

Elena sonrió ligeramente.

—Vaya… parece que ya eres padre.

Kael la miró con gesto molesto.

—No digas tonterías.

Pero no soltó a Lina.

El líder de los jinetes entró lentamente en el refugio.

—No entiendes lo que estás protegiendo.

Kael levantó la espada.

—Una niña.

El hombre negó con la cabeza.

—No. La última heredera de Arashira.

Elena miró el collar.

—Entonces… la familia real desapareció por ella.

El hombre guardó silencio.

Kael comprendió que había algo mucho más grande detrás de aquella niña.

—¿Dónde están sus padres?

El jinete respondió:

—Muertos.

Lina escuchó aquellas palabras.

Su pequeño rostro cambió.

—¿Mi mamá también?

El hombre no respondió.

Kael dio un paso hacia él.

—Te he hecho una pregunta.

El jinete finalmente habló.

—Su madre desapareció la noche del golpe de Estado.

Kael miró a Lina.

La niña comenzó a llorar.

—Mamá dijo que volvería…

Elena se arrodilló junto a ella.

—Quizá todavía pueda hacerlo.

El líder de los jinetes soltó una pequeña sonrisa.

—No debería haber dicho eso.

Kael levantó la espada.

—¿Por qué?

El hombre respondió:

—Porque si la madre sigue viva… también está buscando a su hija.

Kael se quedó inmóvil.

—¿Dónde está?

El jinete miró hacia las montañas.

—En el palacio.

Elena abrió los ojos.

—Pero el palacio está controlado por el nuevo rey.

—Exactamente.

Kael miró a Lina.

La niña seguía llorando en silencio.

Entonces el guerrero envainó lentamente su espada.

—Nos vamos.

Elena lo miró confundida.

—¿A dónde?

Kael tomó a Lina en brazos.

—Al palacio.

—¿Para entregarla?

Kael negó con la cabeza.

—Para devolverle a su madre.

Lina apoyó la cabeza sobre su hombro.

—¿Tú vendrás conmigo?

Kael miró hacia la tormenta.

Luego miró a la niña.

—Te dije que no sé cuidar niños.

Lina sonrió entre lágrimas.

—Pero sabes cuidarme a mí.

Kael no respondió.

Simplemente la abrazó un poco más fuerte.

Elena tomó su bolso de curandera y se colocó junto a ellos.

—Entonces iremos los tres.

Kael la miró.

—¿Los tres?

Elena sonrió.

—Alguien tendrá que cuidar de ti.

Kael suspiró.

—Esto empieza a parecer una familia.

Lina levantó la cabeza y sonrió.

—Mi familia.

Los tres salieron del refugio mientras la tormenta comenzaba lentamente a desaparecer.

Pero muy lejos de allí, en la torre más alta del palacio, una mujer observaba la misma tormenta desde una ventana.

Llevaba siete años esperando.

En su cuello había una cadena idéntica a la de Lina.

La mujer cerró los ojos.

—Mi pequeña…

Una lágrima recorrió su rostro.

—Por fin te han encontrado.

Y mientras Kael, Elena y Lina se dirigían hacia el palacio, ninguno de ellos sabía que la mujer que llevaba siete años esperando a su hija estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.

FIN DE LA PARTE 3