LA PRINCESA Y LA CAMPESINA SE PELEARON POR EL MISMO HOMBRE
Parte 2 — La elección del príncipe
La plaza quedó completamente en silencio después de la pelea.
Los aldeanos observaban a las dos mujeres desde una distancia prudente. Yoon Hae-Rin tenía el cabello ligeramente desordenado y respiraba con dificultad. Han Soo-Rin permanecía frente a ella, igualmente alterada, pero sin bajar la mirada.
En medio de ambas estaba Kang Mu-Jin.
El príncipe había intentado detener la pelea, pero ahora comprendía que el verdadero problema no eran los empujones ni las bofetadas.
Era lo que había detrás de ellos.
Celos.
Orgullo.
Y un amor que las dos mujeres sentían de manera completamente diferente.
La princesa no piensa rendirse
Hae-Rin miró a Mu-Jin con los ojos llenos de rabia.
—¿Vas a elegirla a ella después de todo lo que mi familia ha hecho por ti?
Mu-Jin respondió con calma.
—Nunca te pedí que hicieras nada por mí.
Las palabras golpearon a Hae-Rin más fuerte que cualquier bofetada.
Ella había crecido creyendo que algún día sería la esposa del futuro rey. Desde niña, todos le habían repetido que su matrimonio con Mu-Jin uniría a dos de las familias más poderosas del reino.
Para ella, aquello no era solamente amor.
Era su futuro.
Era su posición.
Era su orgullo.
Y ahora una campesina estaba destruyendo todo eso.
—¿De verdad vas a abandonar todo por ella?
Mu-Jin miró a Soo-Rin.
Ella no dijo nada.
No quería que el príncipe eligiera por presión.
Pero su silencio decía mucho.
Una advertencia inesperada
Hae-Rin se acercó lentamente a Soo-Rin.
—Disfruta de esto mientras puedas.
Soo-Rin levantó una ceja.
—¿Es una amenaza?
Hae-Rin sonrió.
—No. Es una advertencia.
Después se volvió hacia Mu-Jin.
—Mi padre ya sabe de ella.
La expresión de Mu-Jin cambió inmediatamente.
La familia de Hae-Rin tenía enorme influencia en la corte. Si el padre de la princesa descubría que el heredero estaba dispuesto a romper una alianza política por una campesina, el problema podía convertirse en un conflicto mucho mayor.
—¿Qué quieres que haga?
Hae-Rin respondió:
—Quiero que recuerdes quién eres.
Mu-Jin la miró fijamente.
—Y yo quiero que recuerdes que también soy un hombre.
Hae-Rin quedó en silencio.
Soo-Rin toma una decisión
Cuando Hae-Rin finalmente se marchó, Soo-Rin permaneció junto a Mu-Jin.
Pero en lugar de sentirse feliz, parecía preocupada.
—No deberías haber hecho eso.
Mu-Jin frunció el ceño.
—¿Qué?
Soo-Rin bajó la mirada.
—Enfrentarte a ella delante de todos.
Mu-Jin tomó suavemente su mano.
—No podía quedarme callado.
Soo-Rin respiró profundamente.
—Si sigues protegiéndome, algún día tu familia me culpará por todo.
Mu-Jin negó con la cabeza.
—Entonces tendrán que culparme a mí.
Soo-Rin lo miró emocionada.
Pero antes de que pudieran decir algo más, un guardia apareció corriendo desde el camino que conducía al palacio.
Una orden del rey
El guardia se inclinó profundamente frente a Mu-Jin.
—Su Alteza, el rey exige su presencia inmediatamente.
Mu-Jin se puso serio.
—¿Por qué?
El guardia dudó.
—La princesa Hae-Rin ya llegó al palacio.
Soo-Rin sintió un nudo en el estómago.
Mu-Jin entendió lo que estaba ocurriendo.
Hae-Rin no había regresado simplemente a casa.
Había ido directamente a hablar con el rey.
Y eso significaba que la pelea de la plaza había sido solamente el comienzo.
La confesión de Hae-Rin
En el palacio, Hae-Rin entró en la sala principal y se arrodilló frente al rey.
—Padre, el príncipe ha perdido la razón.
El rey levantó la mirada.
—Explica.
Hae-Rin fingió contener las lágrimas.
—Está dispuesto a romper nuestro compromiso por una campesina.
El padre de Hae-Rin permaneció en silencio.
Después preguntó:
—¿Cómo se llama?
Hae-Rin respondió:
—Han Soo-Rin.
El rostro del hombre cambió.
Durante unos segundos pareció sorprendido.
Hae-Rin lo notó.
—¿La conoces?
Su padre no respondió.
Simplemente se levantó y caminó hacia una antigua estantería.
Abrió un cajón que llevaba años cerrado.
Dentro había documentos antiguos.
Buscó entre ellos hasta encontrar uno.
Lo abrió lentamente.
En la parte superior aparecía un nombre.
Han Soo-Rin.
Hae-Rin quedó desconcertada.
—¿Por qué tienes su nombre?
Su padre cerró el documento inmediatamente.
—Porque esa muchacha no es quien parece.
El secreto de la campesina
Mientras tanto, Mu-Jin regresó al palacio.
Encontró a su padre sentado en el salón del trono.
—Padre.
El rey no respondió de inmediato.
Finalmente levantó la mirada.
—¿Es verdad que estás dispuesto a desafiar a la familia Yoon por esa campesina?
Mu-Jin respondió sin dudar.
—Sí.
El rey golpeó suavemente el brazo del trono.
—Entonces has cometido un grave error.
Mu-Jin frunció el ceño.
—¿Por qué?
El rey se levantó.
—Porque Han Soo-Rin no es una campesina cualquiera.
Mu-Jin quedó completamente inmóvil.
—¿Qué estás diciendo?
El rey lo miró directamente.
—Su padre era un hombre que jamás debió desaparecer.
Mu-Jin recordó el nombre que había escuchado años atrás.
Han Do-Yun.
El antiguo comandante.
El hombre cuya historia había sido borrada de los registros del reino.
Mu-Jin comprendió que la pelea entre Hae-Rin y Soo-Rin escondía un secreto mucho más grande.
Pero todavía no sabía que la propia familia de Hae-Rin estaba relacionada con aquella desaparición.
El último golpe
Al caer la noche, Soo-Rin regresó sola a su pequeña casa.
Encontró algo sobre la mesa.
Era una carta.
Reconoció inmediatamente la letra.
Era la letra de su madre.
La abrió con manos temblorosas.
“Soo-Rin, si alguna vez descubres la verdad sobre tu padre, no confíes en la familia Yoon.”
Soo-Rin quedó paralizada.
Debajo había una última frase.
“Ellos fueron los responsables de hacerlo desaparecer.”
Soo-Rin levantó lentamente la mirada.
En ese mismo momento, escuchó pasos afuera.
La puerta comenzó a abrirse.
Y una voz conocida dijo:
—Ahora entiendes por qué nunca quise que te acercaras al príncipe.
Soo-Rin reconoció la voz.
Era Hae-Rin.
Pero esta vez la princesa no había venido a pelear.
Había venido a contarle un secreto que podía destruir a su propia familia.
