“LA SIRVIENTA QUE LA REINA QUERÍA MATAR… ¡ERA LA ÚNICA QUE PODÍA DESTRUIRLA! 😱👑 | PARTE 2”

“LA SIRVIENTA QUE LA REINA QUERÍA MATAR… ¡ERA LA ÚNICA QUE PODÍA DESTRUIRLA! 😱👑 | PARTE 2”

LA SIRVIENTA ACUSÓ A LA REINA DE ASESINATO… ¡PERO UNA PRUEBA OCULTA PODÍA CAMBIARLO TODO!

Todos creían que la joven moriría por atreverse a señalar a la mujer más poderosa del palacio. Nadie imaginaba lo que ocurriría después.

La acusación que paralizó al palacio

El dedo de Yoon Mi-Ra seguía apuntando directamente a la reina So-Hye.

Ninguno de los ministros se atrevía a respirar con normalidad. Los guardias mantenían las manos sobre las espadas, esperando una orden. La reina, que hasta hacía unos segundos exigía la muerte de la sirvienta, permanecía inmóvil con una expresión de incredulidad.

El rey Yi-Hwan miró a Mi-Ra y después a su esposa. Durante diez años había buscado una explicación para la muerte de su hermano menor. Había interrogado a generales, desterrado funcionarios y revisado documentos, pero siempre encontraba las mismas respuestas: su hermano había muerto durante una disputa política y nadie había presenciado el crimen.

Ahora una sirvienta afirmaba haberlo visto todo.

Mi-Ra bajó lentamente la mano. Tenía las mejillas mojadas y las piernas tan débiles que apenas podía mantenerse de pie.

El rey dio un paso hacia ella.

Mi-Ra apretó las manos. Aquella era la pregunta que más temía responder.

El rey apretó la mandíbula. La amenaza de la reina contra el hermano de la sirvienta ya no parecía una simple demostración de poder. Podía ser parte del mismo secreto que había mantenido enterrado el asesinato durante una década.

Yi-Hwan se volvió hacia su esposa.

La reina levantó la barbilla, intentando recuperar el control.

El rey no respondió de inmediato. Miró a los ministros que permanecían junto a las columnas.

Uno de ellos tenía la cabeza tan inclinada que parecía intentar desaparecer dentro de su propio uniforme.

El rey lo reconoció. Era el ministro que había redactado el informe oficial sobre la muerte de su hermano.

Y aquel hombre estaba temblando.

✦ ✦ ✦

La noche que Mi-Ra nunca pudo olvidar

El rey ordenó que todos los presentes permanecieran en el salón. Ningún ministro podía marcharse y ningún guardia debía acercarse a la sirvienta sin su permiso.

Después pidió a Mi-Ra que contara lo sucedido aquella noche, desde el principio.

La joven cerró los ojos. Durante años había intentado olvidar el sonido de la lluvia golpeando los tejados, el olor a humo y los gritos que surgieron del pabellón oriental. Pero los recuerdos seguían allí, tan claros como si acabaran de ocurrir.

Los ministros intercambiaron miradas. El pabellón oriental era precisamente el lugar donde habían encontrado muerto al príncipe Yi-Jun, el hermano menor del rey.

La reina dio un paso hacia ella.

Dos guardias se movieron de inmediato para impedirle acercarse a la joven.

El rey levantó la mano, exigiendo silencio.

Mi-Ra tragó saliva y continuó.

El rey sintió que el pecho se le cerraba. Su hermano había sido un hombre obstinado, pero jamás había creído que esa obstinación pudiera costarle la vida.

La reina se puso pálida, pero enseguida recuperó la voz.

Mi-Ra la miró directamente a los ojos.

La mano de la reina se cerró instintivamente sobre su manga derecha.

El rey lo vio.

También lo vio el ministro que había estado temblando junto a la columna.

✦ ✦ ✦

El ministro que intentó escapar

El rey se volvió hacia el ministro responsable del informe de la muerte de Yi-Jun.

El ministro se arrodilló con tanta rapidez que sus rodillas golpearon el suelo.

Park abrió la boca, pero no respondió.

El silencio fue suficiente para que varios ministros comenzaran a murmurar. Mi-Ra nunca había aparecido en el expediente. Nadie había registrado su nombre ni el de su madre. Alguien había borrado deliberadamente cualquier rastro de su presencia en el palacio aquella noche.

El rey se acercó al ministro.

Park levantó la mirada hacia la reina. Fue apenas un instante, pero el rey lo notó.

La reina también.

El ministro comenzó a temblar con más fuerza.

El rey ordenó a los guardias que lo sujetaran. Cuando dos soldados se acercaron, Park intentó levantarse y correr hacia la salida, pero tropezó con el borde de su túnica y cayó al suelo.

La reina cerró los ojos un segundo.

El rey se inclinó hacia el ministro.

Park miró a Mi-Ra. Luego miró a la reina.

El salón estalló en murmullos.

Yi-Hwan retrocedió lentamente. Durante diez años había buscado al asesino de su hermano. Ahora descubría que alguien había utilizado su propio sello para encubrir el crimen.

Pero no sabía si el documento había sido falsificado o si una persona de su confianza había actuado en su nombre.

Y esa duda podía destruir el reino.

✦ ✦ ✦

La prueba que la reina llevaba escondida

El rey ordenó registrar el despacho de Park y confiscar todos los documentos relacionados con la muerte del príncipe. Después se volvió hacia la reina.

So-Hye no se movió.

La reina miró a los ministros, buscando apoyo. Ninguno se atrevió a intervenir.

Finalmente, sacó de su manga un pequeño objeto envuelto en tela oscura.

Era un broche de jade con forma de dragón. Una de sus puntas estaba manchada de un color marrón oscuro, casi imperceptible por el paso de los años.

Mi-Ra sintió que el cuerpo se le helaba.

La reina sostuvo el broche con fuerza.

El rey extendió la mano.

So-Hye obedeció lentamente. El rey examinó el broche y descubrió que el reverso tenía unas letras grabadas. No eran un nombre, sino una fecha y una pequeña inscripción que identificaba el archivo privado del príncipe Yi-Jun.

El rey conocía aquella marca. Su hermano la utilizaba para señalar los documentos que contenían pruebas de corrupción dentro de la corte.

La reina no había guardado únicamente un recuerdo.

Había conservado una posible prueba del motivo del asesinato.

So-Hye levantó el rostro. Sus ojos estaban llenos de rabia, pero debajo de aquella rabia apareció algo que el rey no había visto antes: miedo.

El rey se quedó inmóvil.

✦ ✦ ✦

El secreto del propio rey

Nadie se atrevió a moverse.

Mi-Ra miró al rey. El hombre que acababa de protegerla, el único que podía garantizar que se hiciera justicia, acababa de quedar bajo una sospecha que nadie se había atrevido a pronunciar.

Yi-Hwan apretó el broche de jade.

La reina respiró hondo. Durante años había vivido bajo la sombra de aquel secreto. Había permitido que personas inocentes fueran castigadas y había utilizado su poder para impedir que la investigación avanzara. Pero ahora que el rey tenía el broche, ya no podía controlar lo que ocurriría.

El rey miró a Park, que permanecía sujetado por los guardias. El ministro evitó sus ojos.

Mi-Ra recordó la discusión del pabellón oriental. Ahora comprendía por qué el príncipe Yi-Jun había estado tan desesperado. No había descubierto solamente un robo, sino una operación secreta que implicaba a los hombres más poderosos del reino.

Pero todavía faltaba la respuesta más importante.

El rostro del ministro Park cambió por completo.

El rey lo vio y comprendió que ese libro todavía existía.

Park comenzó a llorar.

El rey ordenó a sus guardias que fueran inmediatamente al archivo. Antes de que pudieran salir, un soldado entró corriendo al salón, respirando con dificultad.

El rey se levantó de golpe.

Mi-Ra sintió que el pasado volvía a perseguirla. Si alguien había descubierto el libro rojo, también podía haber descubierto que ella seguía viva.

Entonces el guardia añadió una última frase que dejó a todos sin palabras.

La reina miró al rey. Por primera vez, no parecía estar pensando en salvar su posición, sino en algo mucho más terrible.

El libro rojo había desaparecido.

Y alguien que conocía la verdad acababa de resultar herido.

La sirvienta sobrevivió a la orden de ejecución, pero su testimonio abrió una conspiración que amenaza con derribar al propio rey.

CONTINUARÁ…