“LO EMPUJÓ POR LA VENTANA”,

“LO EMPUJÓ POR LA VENTANA”,

 

Lo empujó por la ventana — Parte 2

Durante unos segundos, ninguno de los dos fue capaz de moverse.

Daniel seguía frente a la enorme ventana abierta, respirando con dificultad. Afuera, la lluvia caía sobre la ciudad mientras las luces de los edificios parecían moverse debajo de ellos. Pero Daniel no estaba viendo nada de eso.

Solo podía pensar en una cosa.

Mateo.

El hombre que había estado con su esposa.

El hombre al que acababa de empujar.

Sofía permanecía unos pasos detrás de él, con una mano sobre su boca. Tenía los ojos llenos de lágrimas y el cuerpo completamente paralizado.

—Daniel…

Él no respondió.

—Daniel, tenemos que hacer algo.

Finalmente, Daniel se giró.

—¿Qué acabas de decir?

—Tenemos que llamar a una ambulancia.

Daniel miró nuevamente hacia la ventana.

—¿Y decirles qué?

Sofía no contestó.

—¿Que estaba aquí contigo? —continuó Daniel—. ¿Que discutimos? ¿Que lo empujé?

—¡Fue un accidente!

—¡Pero pasó!

La voz de Daniel retumbó dentro de la suite.

Sofía comenzó a llorar.

—Yo no quería que esto pasara.

Daniel se quedó mirándola.

—Yo tampoco.

Por primera vez desde que había entrado en aquella habitación, la rabia desapareció de su rostro. Lo único que quedó fue miedo.

Daniel caminó nuevamente hacia la ventana. Se asomó con cuidado, pero la lluvia y la oscuridad no le permitían distinguir claramente lo que había abajo.

—No lo veo.

Sofía se acercó lentamente.

—¿Está…?

—No sé.

Daniel sacó su teléfono del bolsillo.

Su dedo temblaba sobre la pantalla.

—Voy a llamar a emergencias.

Sofía inmediatamente lo sujetó del brazo.

—Espera.

Daniel la miró con incredulidad.

—¿Qué?

—Primero tenemos que pensar.

—¡No hay nada que pensar!

—¡Sí hay!

Sofía tragó saliva y miró hacia la puerta.

—Si llamamos ahora, van a venir aquí.

—Claro que van a venir. ¡Alguien acaba de caer desde el último piso!

—Y van a preguntar quién estaba con él.

Daniel se quedó callado.

La frase quedó suspendida en el aire.

Porque ambos sabían exactamente lo que significaba.

La policía no solo iba a preguntar por el accidente.

Iba a preguntar por qué Mateo estaba allí.

Y Sofía no tendría una explicación sencilla.

Daniel bajó lentamente el teléfono.

—¿Desde cuándo?

Sofía frunció el ceño.

—¿Desde cuándo qué?

—¿Desde cuándo estabas con él?

Sofía bajó la mirada.

Daniel entendió la respuesta antes de escucharla.

—Tres meses.

Daniel cerró los ojos.

Tres meses.

Tres meses en los que había pensado que su matrimonio estaba pasando por una mala etapa.

Tres meses en los que había culpado al trabajo, al estrés y a sus propios errores.

Pero la realidad era otra.

—¿Y él sabía que yo existía?

—Sí.

Daniel soltó una risa nerviosa.

—Claro que lo sabía.

Entonces escucharon un sonido.

Un golpe seco.

Los dos se quedaron congelados.

El sonido había venido del pasillo.

Daniel levantó la mirada.

—¿Qué fue eso?

—No sé.

Volvió a escucharse.

Esta vez fueron tres golpes.

Toc.

Toc.

Toc.

Sofía comenzó a respirar rápidamente.

—Daniel…

Él levantó una mano para pedirle silencio.

Se acercó lentamente a la puerta.

Miró hacia Sofía.

Después colocó la mano sobre el picaporte.

Antes de abrir, alguien habló desde el otro lado.

—¿Señor?

Daniel reconoció la voz.

Era uno de los empleados del edificio.

Daniel abrió apenas unos centímetros.

—¿Sí?

—Disculpe que moleste. Acabamos de recibir una llamada de seguridad.

Daniel sintió que el corazón le golpeaba el pecho.

—¿Qué pasó?

El empleado miró hacia el interior.

—Alguien acaba de caer desde uno de los pisos superiores.

Sofía llevó una mano a su boca.

El empleado continuó:

—La seguridad está revisando las cámaras. Necesitamos saber si usted vio algo.

Daniel miró a Sofía.

Ella estaba completamente pálida.

—No —respondió Daniel—. No vi nada.

El empleado lo observó durante unos segundos.

—¿Está seguro?

Daniel asintió.

—Sí.

El empleado se marchó.

Daniel cerró la puerta.

Cuando se giró, Sofía estaba llorando.

—¿Por qué dijiste eso?

—Porque todavía no sabemos qué pasó abajo.

—Daniel, tú sabes perfectamente qué pasó.

—Sé que lo empujé.

Silencio.

—Pero no sé si murió.

En ese momento, Sofía recordó algo.

—Su teléfono.

Daniel levantó la cabeza.

—¿Qué pasa con su teléfono?

—Lo tenía en la mano antes de que llegaras.

Daniel miró alrededor.

—¿Dónde está?

Sofía señaló una mesa.

Había un teléfono negro sobre la superficie.

Daniel caminó hacia él.

Lo tomó.

La pantalla estaba encendida.

Había una conversación abierta.

Daniel comenzó a leer.

Su rostro cambió.

—¿Qué?

Sofía se acercó.

—¿Qué dice?

Daniel no respondió inmediatamente.

Había un mensaje enviado apenas unos minutos antes.

“Si Daniel aparece, dile la verdad.”

Sofía palideció.

—¿Qué verdad?

Daniel deslizó la pantalla.

Había otro mensaje.

“No puedes seguir ocultándole quién soy realmente.”

Daniel miró a Sofía.

—¿Quién es él?

—¿Qué?

—¿Quién es realmente Mateo?

Sofía comenzó a negar con la cabeza.

—No sé de qué estás hablando.

—¡No me mientas ahora!

Daniel levantó el teléfono.

—¿Qué significa esto?

Sofía no respondió.

Daniel continuó leyendo.

Entonces encontró una fotografía.

La imagen mostraba a Mateo junto a otra persona.

Daniel se quedó inmóvil.

—No puede ser…

Sofía miró la pantalla.

Sus ojos se abrieron completamente.

—Daniel…

—¿Tú conocías a esta persona?

Sofía no contestó.

Daniel acercó la fotografía a su rostro.

Entonces entendió algo mucho peor.

Mateo no había llegado a aquella suite únicamente para encontrarse con Sofía.

Había ido allí para hablar con Daniel.

Y aparentemente tenía información que podía destruirlo todo.

De repente, el teléfono vibró.

Los dos saltaron del susto.

En la pantalla apareció una llamada entrante.

El número no estaba guardado.

Daniel miró a Sofía.

—¿Contesto?

Sofía negó con la cabeza.

El teléfono siguió vibrando.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Finalmente, Daniel contestó.

—¿Quién habla?

Durante varios segundos no hubo respuesta.

Solo se escuchaba una respiración al otro lado.

Daniel volvió a preguntar:

—¿Quién habla?

Entonces escuchó una voz.

Una voz que hizo que su rostro perdiera completamente el color.

—Daniel… no debiste empujarlo.

Daniel miró lentamente hacia Sofía.

Ella también había escuchado la voz.

—¿Quién eres? —preguntó Daniel.

La persona del otro lado respondió:

—Alguien que vio todo.

La llamada terminó.

Daniel se quedó mirando la pantalla.

Pero antes de poder decir una palabra, escucharon nuevamente golpes en la puerta.

Esta vez eran fuertes.

—¡Abran la puerta!

Daniel y Sofía se miraron.

Una voz masculina volvió a gritar desde el pasillo.

—¡Policía!

Sofía comenzó a llorar.

Daniel miró el teléfono de Mateo.

Después miró la ventana.

Y finalmente volvió a mirar a su esposa.

Ya no había tiempo para esconder nada.

Pero justo cuando Daniel iba a abrir la puerta, el teléfono de Mateo recibió un último mensaje.

Daniel miró la pantalla.

Solo decía:

“Mateo no fue la persona que cayó.”