“PAPÁ ES MÍO”,

“PAPÁ ES MÍO”,

PAPÁ ES MÍO — PARTE 2

La habitación se llenó de risas.

Thiago seguía abrazado al cuello de su papá como si acabara de ganar la discusión más importante de su corta vida. Sus pequeñas manos sujetaban la camiseta de Daniel mientras escondía la cara contra su pecho.

Sofía lo miraba con una mezcla de ternura y diversión.

—Así que ahora resulta que papá es tuyo —dijo ella.

Thiago levantó lentamente la cabeza.

—Sí.

Daniel comenzó a reír.

—¿Y quién decidió eso?

El bebé señaló su propio pecho.

—Yo.

Sofía abrió los ojos fingiendo estar sorprendida.

—¡Ah, bueno! ¿Y yo qué hago entonces?

Thiago la miró durante unos segundos.

Luego señaló a su mamá.

—Mamá.

—¿Mamá qué?

Thiago pensó cuidadosamente antes de responder.

—Mamá… también.

Daniel soltó una carcajada.

—¡Ahí está! ¡Al final sí comparte!

Sofía sonrió y se acercó para darle un beso en la mejilla.

—Menos mal.

Pero justo cuando ella iba a abrazarlo, Thiago volvió a rodear a Daniel con sus pequeños brazos.

—Pero papá mío.

Sofía se quedó mirándolo.

—Otra vez con eso.

Daniel intentó mantenerse serio.

—Creo que alguien está un poquito celoso.

Thiago frunció el ceño.

—No.

—¿No estás celoso?

—No.

—Entonces, ¿por qué no quieres que mamá me lleve?

Thiago respondió sin pensarlo.

—Porque papá duerme conmigo.

Sofía se llevó una mano al pecho.

—¡¿Cómo que duerme contigo?!

Daniel se echó a reír.

—Bueno… técnicamente, él estaba conmigo esta mañana.

—¡Claro! Ahora los dos están conspirando contra mí.

Thiago miró a su mamá.

—Sí.

Sofía abrió la boca sorprendida.

—¡¿Sí?!

Daniel no podía dejar de reír.

El pequeño dueño de la casa

Después de unos minutos de bromas, Daniel intentó levantarse de la cama.

Pero apenas movió el cuerpo, Thiago lo agarró con fuerza.

—No.

Daniel volvió a sentarse.

—¿Qué pasó?

—No vayas.

—Tengo que levantarme.

Thiago negó con la cabeza.

—No.

—¿Por qué?

El bebé lo miró seriamente.

—Quédate.

La expresión de Daniel cambió inmediatamente.

Ya no estaba riéndose.

Lo abrazó con ternura.

—Está bien, mi amor. Me quedo un ratito.

Sofía observó la escena y sonrió.

—Míralo. Sabe perfectamente cómo convencerte.

Daniel besó la frente de Thiago.

—Es mi hijo. ¿Cómo no voy a quedarme?

Thiago sonrió satisfecho.

—Papá bueno.

Sofía soltó una pequeña carcajada.

—Ah, ahora sí. Después de todo este drama, papá es bueno.

Thiago asintió.

—Mucho.

El desayuno imposible

Unos minutos después, Sofía decidió que ya era hora de desayunar.

—Vamos, los dos. A la cocina.

Thiago volvió a abrazar a Daniel.

—No.

—Thiago…

—Papá aquí.

Daniel miró a Sofía.

—Creo que tenemos un problema.

—No tenemos un problema —respondió ella—. Tenemos un bebé demasiado consentido.

Thiago escuchó la palabra y preguntó:

—¿Consentido?

Daniel sonrió.

—Sí.

Thiago pensó unos segundos.

—¿Eso es bueno?

Sofía respondió:

—A veces.

Thiago levantó un dedo.

—Entonces soy bueno.

Los dos padres comenzaron a reír.

Finalmente, Daniel logró levantarse y llevó a Thiago en brazos hasta la cocina.

Sofía caminó detrás de ellos.

—Mira qué rápido cambió de opinión.

Thiago señaló a Daniel.

—Papá carga.

Daniel respondió:

—Sí, papá carga.

Sofía preguntó:

—¿Y mamá?

Thiago miró a su mamá.

—Mamá cocina.

Sofía se quedó quieta.

—¿Perdón?

Daniel comenzó a reír otra vez.

—¡Ese niño está aprendiendo demasiado rápido!

Sofía señaló a Daniel.

—Tú tienes la culpa.

—¿Yo?

—Sí. Él te escucha todo el tiempo.

Thiago miró a ambos.

—No peleen.

Los dos se quedaron callados.

Sofía se acercó y besó la frente de su hijo.

—Está bien, mi amor.

Daniel sonrió.

—¿Viste? Ya nos está poniendo orden.

La verdadera sorpresa

Después del desayuno, Daniel recibió una llamada telefónica.

Se apartó unos pasos para contestar.

Thiago lo observó desde su silla.

Durante unos segundos, el bebé permaneció tranquilo.

Pero cuando vio que su papá caminaba hacia otra habitación, su expresión cambió.

—Papá.

Daniel levantó una mano.

—Ya vuelvo, campeón.

Thiago lo siguió con la mirada.

—Papá…

Sofía se acercó.

—Está hablando por teléfono.

Thiago negó con la cabeza.

—No.

—¿Qué pasa?

—Papá viene.

—Sí, amor. Va a volver.

Thiago miró hacia el pasillo.

Luego volvió a mirar a su mamá.

—Mamá.

—¿Sí?

—¿Papá se va?

Sofía se agachó delante de él.

—No, mi amor. Papá no se va.

Thiago parecía preocupado.

Sofía lo tomó suavemente de las manos.

—Papá solamente está hablando por teléfono. Va a regresar.

Thiago permaneció mirando el pasillo.

—¿Seguro?

—Seguro.

El bebé respiró tranquilo.

—Bueno.

Una pequeña lección

Cuando Daniel regresó, Thiago inmediatamente extendió los brazos.

—¡Papá!

Daniel lo levantó.

—Aquí estoy.

Thiago apoyó la cabeza sobre su hombro.

Daniel le dio unas palmaditas suaves en la espalda.

—¿Me extrañaste?

Thiago respondió:

—Sí.

—Solo fueron unos minutos.

—Muchos.

Sofía sonrió.

—Para él fueron como diez años.

Daniel miró a su hijo.

—¿Sabes qué?

Thiago levantó la cabeza.

—¿Qué?

—Papá siempre vuelve.

Thiago lo miró.

—¿Siempre?

—Siempre que pueda.

El bebé sonrió.

—Promesa.

Daniel extendió su dedo meñique.

—Promesa.

Thiago agarró el dedo de su papá con su pequeña mano.

—Promesa.

Sofía observó la escena con una sonrisa.

Mamá tiene una idea

Más tarde, Sofía decidió hacer una pequeña prueba.

Miró a Daniel y le hizo una señal para que se quedara quieto.

Después se acercó a Thiago.

—Mi amor.

—¿Sí?

—Tengo una pregunta.

Thiago la miró con atención.

—¿Quién es tu papá?

Thiago señaló a Daniel.

—Él.

—¿Y quién es mi esposo?

Thiago volvió a señalar a Daniel.

—Él.

Sofía sonrió.

—Entonces, si es mi esposo…

Hizo una pequeña pausa.

—¿También es mío?

Thiago se quedó completamente serio.

Miró a su mamá.

Miró a su papá.

Volvió a mirar a su mamá.

—Un poquito.

Daniel no pudo contener la risa.

—¡Un poquito!

Sofía se llevó las manos al rostro.

—¡¿Solo un poquito?!

Thiago levantó un dedo.

—Mío primero.

Daniel se dejó caer sobre el sofá riéndose.

Sofía fingió estar molesta.

—Está bien. Entonces voy a buscar otro papá.

Thiago abrió los ojos.

—¡No!

Daniel dejó de reír.

—¿Qué pasó?

Thiago corrió hacia su mamá.

—Mamá no.

Sofía lo abrazó.

—¿Por qué?

Thiago respondió:

—Porque papá y mamá juntos.

Los dos padres se miraron.

La expresión de Sofía se volvió completamente tierna.

—¿Tú quieres que estemos juntos?

Thiago asintió.

—Sí.

Daniel se acercó.

—Siempre.

Thiago abrazó a los dos al mismo tiempo.

El abrazo más tierno

Los tres terminaron sentados juntos en el sofá.

Thiago estaba en medio de sus padres.

Daniel le daba besos en una mejilla mientras Sofía le daba besos en la otra.

Thiago comenzó a reír.

—¡Ya!

—¿Ya te cansaste? —preguntó Daniel.

—Sí.

Sofía volvió a darle un beso.

—Uno más.

Thiago escondió la cara.

—¡No!

Daniel lo abrazó.

—Ven acá.

Thiago terminó riéndose otra vez.

Por unos minutos no hubo discusiones.

No hubo celos.

No hubo competencia por papá.

Solo estaban los tres juntos.

Y aunque Thiago todavía insistía en que Daniel era suyo, poco a poco estaba entendiendo algo mucho más importante.

Que el amor de sus padres no era algo que tuviera que compartir como si fuera un juguete.

Era algo que podía recibir sin límites.

La última ocurrencia de Thiago

Ya por la noche, Daniel estaba acostado nuevamente en la cama.

Thiago estaba a su lado.

Sofía entró en la habitación.

Miró a los dos.

—Bueno, señorito.

Thiago levantó la mirada.

—¿Qué?

—Ahora me toca a mí dormir junto a papá.

Thiago abrió los ojos.

—No.

Sofía comenzó a reír.

—¿Otra vez?

Thiago abrazó a Daniel.

—Papá es mío.

Daniel miró a Sofía.

—Parece que nunca vamos a resolver esto.

Sofía se acostó junto a ellos.

—Entonces tendremos que compartirlo.

Thiago pensó unos segundos.

Finalmente levantó un brazo y abrazó a su mamá.

Con el otro brazo abrazó a su papá.

—Todos juntos.

Sofía sonrió.

—Eso sí.

Daniel besó a Thiago en la frente.

—Todos juntos.

Thiago cerró los ojos.

—Familia.

Daniel y Sofía se miraron.

—Familia —respondieron ambos.

La habitación quedó en silencio.

Thiago finalmente se quedó dormido entre sus padres, abrazando la camiseta de Daniel con una pequeña mano mientras descansaba tranquilo.

Sofía susurró:

—Creo que ganaste.

Daniel respondió en voz baja:

—No. Creo que ganamos los tres.

Sofía sonrió y apoyó la cabeza sobre su hombro.

Y aquella noche, el pequeño Thiago descubrió que no tenía que elegir entre mamá y papá.

Porque el lugar donde más quería estar era justamente donde siempre había estado.

En medio de los dos.

FIN

Y así terminó la pequeña batalla por papá: con un abrazo en familia y un bebé que descubrió que el amor de mamá y papá no se divide… se multiplica.